Esto de los blogs es como los monólogos: al principio estaba bien y hacía gracia. Ahora hasta el hijo de tu prima Manolita, ese gordo e insoportable, es capaz de hacerlo. Hoy, mirando cosillas por ahí, me he dado cuenta de que tenía esto por ahí muerto y que la mayoría de entradas eran de hace dos años, como poco. Y que desde entonces había puesto un par de mensajes de "si, que vuelvo" o "ahora va de verdad, que vuelvo".
Pues mira, no sé si vuelvo. Tengo muchas cosas que hacer y pocas ganas de hacerlas, para variar. Porque cuando uno nace perro, muere perro. Pero me ha dado grimilla que esto parecieran los pergaminos del Mar Muerto, de viejas que eran las entradas, y me he dedicado a archivarlas una a una. Me daba penita borrarlas del todo, aunque un día u otro se acabarán borrando de todos modos por un fallo de esto de 20six o por un cataclismo universal o una invasión de zombis. Cho que sé.
Y ahora es cuando mi medio melón lee esto y me pregunta por qué estoy haciendo el tonto con el blog cuando tendría que estar pintando las barandas del balcón.