El Niño Melón

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Esto de los blogs es como los monólogos: al principio estaba bien y hacía gracia. Ahora hasta el hijo de tu prima Manolita, ese gordo e insoportable, es capaz de hacerlo. Hoy, mirando cosillas por ahí, me he dado cuenta de que tenía esto por ahí muerto y que la mayoría de entradas eran de hace dos años, como poco. Y que desde entonces había puesto un par de mensajes de "si, que vuelvo" o "ahora va de verdad, que vuelvo".

Pues mira, no sé si vuelvo. Tengo muchas cosas que hacer y pocas ganas de hacerlas, para variar. Porque cuando uno nace perro, muere perro. Pero me ha dado grimilla que esto parecieran los pergaminos del Mar Muerto, de viejas que eran las entradas, y me he dedicado a archivarlas una a una. Me daba penita borrarlas del todo, aunque un día u otro se acabarán borrando de todos modos por un fallo de esto de 20six o por un cataclismo universal o una invasión de zombis. Cho que sé.

Y ahora es cuando mi medio melón lee esto y me pregunta por qué estoy haciendo el tonto con el blog cuando tendría que estar pintando las barandas del balcón.

1 Comment 28.6.07 11:20, comment

Intelectual

¿Qué es intelectual? Intelectual es el que va a ver 'Scary Movie 4' en versión original y sale indignado porque no es fiel al libro.

3.12.11 10:23, comment

La gran polémica del pan de molde

Pues sí, señoras y señoras. La controversia más grande que puede darse en este mundo actual en el que vivimos, extraño y sonrojante a la par, no tiene que ver con el incendio de Guadalajara o con los matrimonios homosexuales. ¡No, hija, no! El motivo de discusión que, inexplicablemente, todavía no ha saltado a las editoriales de los periódicos y a las manifestaciones populares (o sea, del PP) es el pan de molde. Más concretamente, cómo debe ser el pan de molde.


Todos teníamos el amigo del colegio que llevaba sus bocadillos de pan de molde rellenos de foie gras o de nocilla. Yo era más del panecillo o de la punta de barra de cuarto, pero recuerdo como si fuera hoy a un compañero de clase que cada día acudía armado de sus bocadillos de pan de molde para comer a la hora del recreo. Una postura tan respetable como cualquier otra, cuidado. Pero también recuerdo como aquel muchacho solía comerse sólo la miga y el contenido, dejando los bordes en la papelera. ¿Acaso cuando comía pan en su casa su madre le dejaba comerse sólo la miga? Seguro que no. Pero las madres son más permisivas con la corteza del pan de molde que con el pan normal. Cosas de madres. Es como los que se dejan los bordes de la pizza. "Es que están duros". Tú si que estás duro. "Es que engordan". Claro, y todos los ingredientes que te has zampado en el centro no engordan apenas, qué va.


Así pues, para todos los elementos que eran incapaces de comerse los bocadillos de pan de molde como diox manda apareció la solución: el pan de molde sin corteza. Todo miga, oiga. Uno cuando lo ve en el supermercado dice: "Qué chorrada". Después, por si acaso, lo mete en el carro por aquello de probarlo. Por la novedad. Y después se da cuenta de una gran verdad: que la rebanada del pan sin corteza es más grande que la del pan de molde tradicional. Es más, el pan sin corteza es siempre un cuadrado más o menos perfecto mientras que, con la excusa del borde, en el tradicional siempre te timan un cachito. Además, al ser todo miga suele tardar más en ponerse duro. Y uno que siempre fue defensor de los bordes del pan de molde se ha encontrado comiendo con agrado pan sin corteza. Si es que no quedan principios en este mundo, lo digo yo siempre.

13 Comments 3.12.11 10:24, comment

Mayormente no es mi problema

¿Cuántas cosas vemos a nuestro alrededor que están mal, que nos molestan, que son ilegales a lo largo del día y pasamos de todo? No estamos hablando de no denunciar al carnicero de Milwaukee que casualmente se ha instalado en el 4º3ª o de silbar alegremente mirando para otro lado mientras vemos un energúmeno aporreando a una anciana en silla de ruedas. Hay cosas muchas más sencillas que vemos todos los días y no hacemos ni puñetero caso porque pensamos: "no es mi problema". Lo mejor de todo es que vamos después quejándonos de lo horroroso que está todo y de lo poco que cuidamos las cosas, de la poca educación de la juventud y de que si la abuela fuma.


Precisamente con el fumar se me ocurrió esta entrada. En el metro, desde hace años, está prohibido fumar. Si hay alguien fumando en el andén tampoco es plan que nadie ejerza del mosquetero anitabaco y vaya por ahí cortando con un florete los cigarillos de los malvados infractores. Pero cuando tienes al lado a una tipa que te echa el humo a la cara varias veces y le importa una mierda, tienes dos opciones: pasar de todo y largarte o hacer algo para que dejen de tocarte los cojones. Aquí servidora logró que la susodicha apagara el cigarro después de dos miradas asesinas y sin siquiera dirigirle la palabra, lo que demuestra que tengo más cara de loco psicópata de lo que me imagino. También está el que habla en el cine en todo momento o el que da pataditas en el asiento: una pequeña dosis de mala hostia soluciona el problema en muchas ocasiones.


Otro ejemplo se me ocurrió también en el metro: el niñato gilipollas que hace pintadas en los cristales. ¿Por qué tiene que hacer pintadas en los cristales? Para los problemas de afirmación de personalidad hay una gente que se llama psicólogos y que vive de ello, un rotulador no es la solución. En este caso, muchas veces se soluciona la cosa exclamando en voz bien audible: "hay que ver la gente qué gilipollas con las putas pintaditas".


Y finalmente se me ocurre el niño maleducado que va por la calle dando por el saco a la gente. Como el que va tirando pipas a la gente mientras anda, caso real. Para divertirse. ¿Pasas de él? Pues no, muchas veces es más efectivo un "desaparece de mi vista que te parto las piernas" y le quita mucho más las ganas de hacer el gamberro por ahí. ¿Por qué siempre pasamos de la gente que hace cosas que nos molestan? ¿Por qué si vemos a un gamberro rompiendo algo no le decimos nada? No estamos hablando de meternos con una banda de 2000 skins que hacen pintadas, sino de llamarle la atención a alguien por ejemplo que está en el supermercado guarreando todas las barras de pan antes de quedarse con la que más le gusta. Yo es que soy un tío irritable, vale, pero es que lo de la gente tiene mucho delito...

5 Comments 3.12.11 10:24, comment

¿Seguro que somos los buenos?

Hoy nos hemos despertado con imágenes que seguro que nos sonaban a todos. Explosiones en hora punta en vagones, caos y desinformación, balances de víctimas... A todos nos hubiera gustado olvidar las sensaciones de la mañana del 11 de marzo del 2004. Pero no, por si se nos había olvidado mínimamente que vivimos en un mundo lamentablemente violento nos lo han vuelto a recordar. Por suerte esta vez no ha salido nadie a desviar la atención, ni a instrumentalizar los muertos, ni a desinformarnos. Bastante trágica es una situación como la que se ha vivido en Londres o hace ya más de un año en Madrid como para que venga alguien a colmar el vaso.


Después de condenar el atentado, de lamentarnos de tener que sufrir las iras de unos radicales que matan por su religión a gente inocente, de echarle las culpas a los dirigentes que participaron en la guerra de Irak, deberíamos todos mirarnos un poco y darnos cuenta de que realmente no somos los buenos de la película. Nuestros políticos son los que han ordenado matar a miles de civiles en Afganistán, en Irak, en tantos países. Nosotros hemos sido los que hemos expoliado a los países que ahora son pobres de sus riquezas, los que les hemos esclavizado y no les dejamos desarrollarse después incluso de haberles dado la libertad. Una libertad relativa, claro, sometida siempre al yugo del beneficio y de la economía. Nosotros somos los que hemos puesto en el poder a dirigentes que no se cortan un pelo en organizar guerras por motivos económicos, por motivos electorales, por motivos ideológicos.


Y tenemos todo el derecho a quejarnos de nuestras víctimas, porque al fin y al cabo los ciudadanos occidentales de a pie no hemos hecho nada a nadie directamente. Pero tampoco nos han hecho nada a nosotros los ciudadanos de confesión islámica de a pie. Son otros los que se han enzarzado en una dinámica del ojo por ojo y en una espiral de violencia. Nuestros dirigentes, los líderes radicales islamistas. Ellos no mueren, morimos nosotros, pero en parte somos todos culpables de otorgarles el poder a personas que no quieren la paz, que sólo quieren que sus intereses o sus creencias pasen por encima de las de los demás. Y que no se dan cuenta de que la gente, lo único que quiere, es que le dejen vivir en paz sin tener que andarse preguntando qué día tocará que las bombas estallen en su tren.

11 Comments 3.12.11 10:25, comment